No soy una persona que se proponga retos al inicio del año, el 1 de enero es buen un día como cualquier otro para comenzar un proyecto, una actividad, un cambio. Pero tiene un motivo, su carga simbólica, un "empezar de nuevo". Desde hace unos meses que siento que debe haber un cambio en mi vida. Es algo más que "la rutina me puede". Cierto es que viviendo ya más de 5 años en Colonnella (pueblecito italiano de 3500 habitantes) y dedicándome a la enseñanza online por 3 años (entre otras cosas), mi cuerpo ya me pide algo diferente. Siempre ha sido así, por haches o por bes el destino se ha confabulado para hacerme cambiar de trabajo, de vida. No sé que deparará este 2018 pero sé lo que yo quiero hacer: volverme una mejor versión de mí misma. Parece un reto muy abstracto, pero no lo es si me planteo pequeños cambios que ya desde hace tiempo quería introducir en mi vida y no he tenido éxito, ya sea porque no los he ni siquiera empezado o porque los he abandonado poco después.
Lo primero, quiero bailar un poco cada día. Si es por la mañana antes del desayuno, mejor que mejor. El baile me ayuda a estirar el cuerpo, a hacerlo más flexible y me hace sentir mejor. Un poco de baile al día, preferiblemente con canciones de Sia, ya que es una música que me ayuda a encontrar los movimientos que mi cuerpo necesita.
Otra cosa que he empezado y abandonado el año precedente es hacer un poco de taichi. Realmente no es taichi académico, lo llamo así por ponerle un nombre. En realidad es seguir los movimientos de mi cuerpo. Curiosamente haciendo esto muchos de los movimientos pueden recordar al taichi, pero no lo hago a propósito. Este ejercicio me ayuda a centrarme, a tener pensamientos más elevados y alimenta mi creatividad. Esto lo haré inmediatamente después del baile, ya que mi cuerdo ya está caliente y desincrustado.
Quiero escribir un poco cada día. Puede ser escribiendo algo en este blog, algún poema, algún relato, el inicio de una nueva novela, pero algo. Tengo múchísimos proyectos empezados. Quiero acabarlos. Escribir un poco cada día me ayudará a mejorar mi técnica y a crear un hábito.
Y, por supuesto, leer más. El año anterior leí muy poco. Quizás hago el reto de un libro cada mes, simplemente porque leyendo encuentras nuevas fuentes de inspiración y estilos de escritura que puedo introducir y amalgamar en mi propio estilo. Sobre todo, leer libros originales en español y, quizás, también algún libro de teoría literaria (tengo pendiente el libro de mi queridísimo Fernando Romo). Él, ya sea en sus clases, estudiando sus materias o con su inestimable ayuda y ánimo, ha sido una gran fuente de inspiración.
Por ahora son estos mis pequeños cambios, ¿no parece muy difícil ¿no? Os iré informando de mis avances ;)
De una versión por mejorar.
martes, 2 de enero de 2018
jueves, 14 de diciembre de 2017
De camino a la escuela
Hace fresco esta mañana, me gusta el fresco, me hace sentir limpia y despejada. Está amaneciendo, debo apresurarme, dentro de poco empezará la lección. Mis padres no quieren que vaya a la escuela, dicen que para qué, que ya soy mayor, que puedo ir a la ciudad y trabajar limpiando casas para personas ricas. Pero yo quiero estudiar, me encanta, me gusta mi maestra, es amable conmigo, cree en mí. Ella dice que puedo ser todo lo que me proponga y yo le creo. No pasa ni un alma por la carretera polvorienta, las sombras dan paso a perfiles más nítidos y me tranquilizo un poco. Voy con mil ojos, siempre tensa, miro hacia los lados, me fijo bien dentro de la vegetación por si puedo advertir alguna silueta acechante. Oigo un coche que se acerca por detrás, me pongo nerviosa, mis músculos aprietan mis huesos y mi mandíbula hace rechinar los dientes. Es la furgoneta de mi vecino, pasa de largo y suelto el aire contenido en los pulmones. De repente el coche da un frenazo inesperado, dejando una estela de polvo a su paso que me entra en los ojos y me obliga a frotarlos. Me quedo congelada, mis pies son incapaces de moverse del sitio, quiero correr, esconderme, pero las piernas no responden, es como si ya no me perteneciesen. El coche da marcha atrás y puedo ver cinco hombres dentro, noto sus miradas lascivas, sus sonrisas babosas y puedo imaginar lo que están pensando. Para ellos sólo soy un trozo de carne al que penetrar para su propio gozo. Ahora estoy tirada en un arcén, con las piernas rotas y desangrándome. Ellos se han ido y yo sé que voy a morir sola, quebrada, de camino a la escuela.
martes, 12 de septiembre de 2017
Lo dejaron ahì, tendido
Lo dejaron ahí, tendido, sin rostro ni alma. Le quitaron su identidad y con su carne expuesta al húmedo aire de la mañana lo portearon como estandarte del terror. Pero el terror, cuando ya no queda nada, cuando lo único que queda es levantarse y luchar, cuando para lo único que sirven los puños es para desgarrar el aire y la garganta para aullar el dolor, entonces el terror no puede hacerte daño. Entonces uno se levanta, se seca las lágrimas con el envés del corazòn y odia. Odia hasta no ser uno mismo, porque el amor ya se lo arrebataron. El odio será la cuerda que a uno lo tire hacia adelante. El odio le moverá un pie delante del otro. El odio le hará buscar a los culpables. El odio lo llevará hasta el mismo infierno para ir a buscarlos. Y cuando se haya vengado, entonces, deberá decir adiós a su odio. Deberá saber dejarlo machar.
lunes, 11 de septiembre de 2017
Nada que perder
Todo comenzó con un pensamiento: ¿Y
si...? Después de eso toda su realidad se deshojó como árbol de
otoño, se desprendió como muda de serpiente, se desvistió de su
antiguo traje deslucido y andrajoso para ponerse uno completamente
nuevo, ajustado como un guante. Dejó hojas, muda y vestido viejo
sobre el piso y caminó por la vida con la seguridad de aquellos que
saben que no tienen nada que perder.
miércoles, 26 de julio de 2017
¿Qué le da sentido a mi vida?
¿Qué le da sentido a mi vida?, ¿a la vida de cualquier ser humano que habita este planeta? A veces me duele a rabiar esta frustración, este no poder saber. Miro a mi alrededor y nada tiene sentido... ¿por qué existimos?, ¿por qué vivimos de esta manera?, ¿por qué centramos nuestra atención en cosas que realmente no tienen importancia si las vemos desde el punto de vista de la existencia? Estamos como drogados, no hace falta tomar ninguna sustancia, simplemente vivimos una vida irreal y no nos damos cuenta. Nos imponen deberes, miedos, un ritmo de vida inhumano, tecnología que nos hace dependientes y creemos ser felices porque tenemos un trabajo estable que no nos gusta, un coche que no nos lleva a donde realmente queremos ir, un móvil que nos hace olvidarnos de comunicarnos con quien realmente nos importa... Me pregunto si algún día nos despertaremos y podremos salir de esta trampa.
lunes, 24 de julio de 2017
La creatividad
La creatividad es la capacidad del ser humano para reinventar su mundo.
El imlpuso que redimensiona las partículas dirigiéndolas con la fuerza
de la voluntad y el poder de la emoción hacia una meta precisa, material
o inmaterial.
viernes, 5 de mayo de 2017
Lo que es arriba es abajo
Lo que es arriba es abajo,
galaxias internas, partículas espejo.
Nada está fuera, que no esté dentro.
El viaje al exterior del universo
es un viaje hacia nosotros mismos.
Al final del camino nos encontraremos
con unos ojos que nos miran,
y serán los nuestros.
galaxias internas, partículas espejo.
Nada está fuera, que no esté dentro.
El viaje al exterior del universo
es un viaje hacia nosotros mismos.
Al final del camino nos encontraremos
con unos ojos que nos miran,
y serán los nuestros.
martes, 21 de marzo de 2017
La gárgola y el caballo
Hoy he decidido contar una experiencia extracorporal (o metafísica, realmente no sé como calificarla) que me sucedió hace muchos años, más o menos unos 20. Hasta ahora la he contado a muy pocas personas, familiares muy allegados o amigos muy cercanos, quizás por miedo a no ser comprendida o ser tachada de demente. Hoy, a mis 36 años, no me afecta demasiado lo que otros puedan pensar de mí (sobre todo si se trata de desconocidos o de gente que no aprecio) y, en cambio, creo que compartir esta experiencia puede ser enriquecedor, tanto para mí como para quien me lea, porque estoy segura que muchos han vivido eventos similares y, como yo, no los han compartido por miedo al rechazo o a que no los entendieran. Y, precisamente, del miedo trata esta experiencia, de esa fuerza paralizante y destructora que saca lo peor de nosotros. No hablo del miedo instintivo, corporal, que nos avisa de un peligro real y pone nuestro cuerpo en alerta ante un posible riesgo o ataque; hablo del miedo mental, el que nos hace recrear mil escenas terroríficas que podrían pasarnos.
Por muchos años viví dominada por este miedo, hasta tal punto que mi vida se hizo muy difícil, casi imposible de soportar. A los 24 años pasé un año terrible, donde el pánico y los ataques de ansiedad dominaban mi día a día y cualquier nimiedad se convertía, en mi mente, en un riesgo real para mi vida, hasta tal punto que un psiquiatra me recomendó medicación, la cual rechacé porque, sabía que, aunque vivía dominada por el pánico, la única que podría sacarme de esa situación era yo misma...y así fue. No fue fácil y no digo que lo haya superado del todo, el miedo siempre está acechando, esperando una debilidad para poder asomarse y volver a dominarnos. Creo que, de alguna manera, la experiencia que tuve a los 16 años me ayudó a tener confianza en mí misma y poder superarlo.
Era una adolescente y ya hacía un par de años que venía experimentando experiencias extracorporales, esto es, la sensación de salir de mi cuerpo. Esto ocurría normalmente a primera hora de la mañana o cuando me había levantado en la madrugada para estudiar y me volvía a acostar para descansar un poco. En este estado de duermevela, donde mi cuerpo estaba muy cansado pero mi mente todavía activa, solía sentir como mis pies se levantaban de la superficie de la cama y, seguidamente, las piernas...a este punto todavía podía decidir si quería salir o no y, a veces, me negaba (por miedo o cansancio) pero otras veces me dejaba llevar y una parte de mí (aquella que poseía la consciencia) se desprendía de mi cuerpo físico. A veces me veía durmiendo en la cama, otras veía diferentes habitaciones, una vez llegué hasta el puerto de mi ciudad, a veces veía otras personas. En muchas ocasiones las imágenes se proyectaban desde en centro de mi frente en un círculo iluminado. Esta experiencia que quiero relataros fue un poco diferente y más especial para mí por su significado.
Me encontraba, como muchas noches en mi adolescencia, sobrevolando un espacio desconocido. En este caso era un desierto. Poco a poco me fui acercando a la arena dorada. De repente, vi un juego de sombras que se asemejaba a un rostro, se parecía mucho a la famosa cara de Marte y, la verdad, en aquella época me daba pavor cualquier cosa que tuviera que ver con extraterrestres. Por ello, cuando relacioné las imágenes me empezó a invadir el terror y para escapar de aquella situación abrí los ojos, pero al abrirlos una luz extraña iluminaba mi habitación y en la pared al lado de mi cama se encontraba aquel rostro terrorífico del que trataba de huir. Cuando lo vi mejor empezó a transformarse en la cara de una gárgola, y mi miedo se hizo más grande. No sabía qué hacer, estaba paralizada por el miedo pero, de repente el valor se apoderó de mí y mentalmente le dije que no me podía hacer daño, que yo era más fuerte que ella y, como gesto simbólico le eché la lengua. En ese momento la cabeza de la gárgola se giró y su perfil se convirtió en una cabeza de caballo blanco que, en relieve, sobresalía de la pared. Empezó a correr por la pared y al llegar a la altura de mis pies salió del muro y giró hacia mi dirección. De repente comenzó a azotar el viento, siempre en dirección hacia mi cabeza, podía sentirlo entre mis cabellos al mismo tiempo que el caballo, a medio metro sobre mí y con un tamaño muy reducido (de unos 30 centímetros de largo) corría hacia mí. Cuando llegó al cabecero de la cama, desapareció por la pared y luz y viento se calmaron hasta desvanecerse.
El significado de esta experiencia, aunque fue claro para mí desde el principo, tardó muchos años en surtir verdadero efecto. He tenido que superar muchos miedos en mi vida. Pero creo que, precisamente los he superado por la enseñanza de la misma. No me he dejado vencer por ellos y he hecho cosas que para mí merecía la pena hacer venciéndolos.
Muchos pueden calificar esta experiencia de sueño, proyección mental, etc, etc...la verdad, para mí no es tan importante al etiqueta sino lo que me dejó.
Espero que os haya gustado esta historia y espero que os deje una enseñanza como me la dejó a mí. Por favor, contad vuestras experiencias para que yo también pueda aprender de ellas.
Por muchos años viví dominada por este miedo, hasta tal punto que mi vida se hizo muy difícil, casi imposible de soportar. A los 24 años pasé un año terrible, donde el pánico y los ataques de ansiedad dominaban mi día a día y cualquier nimiedad se convertía, en mi mente, en un riesgo real para mi vida, hasta tal punto que un psiquiatra me recomendó medicación, la cual rechacé porque, sabía que, aunque vivía dominada por el pánico, la única que podría sacarme de esa situación era yo misma...y así fue. No fue fácil y no digo que lo haya superado del todo, el miedo siempre está acechando, esperando una debilidad para poder asomarse y volver a dominarnos. Creo que, de alguna manera, la experiencia que tuve a los 16 años me ayudó a tener confianza en mí misma y poder superarlo.
Era una adolescente y ya hacía un par de años que venía experimentando experiencias extracorporales, esto es, la sensación de salir de mi cuerpo. Esto ocurría normalmente a primera hora de la mañana o cuando me había levantado en la madrugada para estudiar y me volvía a acostar para descansar un poco. En este estado de duermevela, donde mi cuerpo estaba muy cansado pero mi mente todavía activa, solía sentir como mis pies se levantaban de la superficie de la cama y, seguidamente, las piernas...a este punto todavía podía decidir si quería salir o no y, a veces, me negaba (por miedo o cansancio) pero otras veces me dejaba llevar y una parte de mí (aquella que poseía la consciencia) se desprendía de mi cuerpo físico. A veces me veía durmiendo en la cama, otras veía diferentes habitaciones, una vez llegué hasta el puerto de mi ciudad, a veces veía otras personas. En muchas ocasiones las imágenes se proyectaban desde en centro de mi frente en un círculo iluminado. Esta experiencia que quiero relataros fue un poco diferente y más especial para mí por su significado.
Me encontraba, como muchas noches en mi adolescencia, sobrevolando un espacio desconocido. En este caso era un desierto. Poco a poco me fui acercando a la arena dorada. De repente, vi un juego de sombras que se asemejaba a un rostro, se parecía mucho a la famosa cara de Marte y, la verdad, en aquella época me daba pavor cualquier cosa que tuviera que ver con extraterrestres. Por ello, cuando relacioné las imágenes me empezó a invadir el terror y para escapar de aquella situación abrí los ojos, pero al abrirlos una luz extraña iluminaba mi habitación y en la pared al lado de mi cama se encontraba aquel rostro terrorífico del que trataba de huir. Cuando lo vi mejor empezó a transformarse en la cara de una gárgola, y mi miedo se hizo más grande. No sabía qué hacer, estaba paralizada por el miedo pero, de repente el valor se apoderó de mí y mentalmente le dije que no me podía hacer daño, que yo era más fuerte que ella y, como gesto simbólico le eché la lengua. En ese momento la cabeza de la gárgola se giró y su perfil se convirtió en una cabeza de caballo blanco que, en relieve, sobresalía de la pared. Empezó a correr por la pared y al llegar a la altura de mis pies salió del muro y giró hacia mi dirección. De repente comenzó a azotar el viento, siempre en dirección hacia mi cabeza, podía sentirlo entre mis cabellos al mismo tiempo que el caballo, a medio metro sobre mí y con un tamaño muy reducido (de unos 30 centímetros de largo) corría hacia mí. Cuando llegó al cabecero de la cama, desapareció por la pared y luz y viento se calmaron hasta desvanecerse.
El significado de esta experiencia, aunque fue claro para mí desde el principo, tardó muchos años en surtir verdadero efecto. He tenido que superar muchos miedos en mi vida. Pero creo que, precisamente los he superado por la enseñanza de la misma. No me he dejado vencer por ellos y he hecho cosas que para mí merecía la pena hacer venciéndolos.
Muchos pueden calificar esta experiencia de sueño, proyección mental, etc, etc...la verdad, para mí no es tan importante al etiqueta sino lo que me dejó.
Espero que os haya gustado esta historia y espero que os deje una enseñanza como me la dejó a mí. Por favor, contad vuestras experiencias para que yo también pueda aprender de ellas.
jueves, 27 de octubre de 2016
Al otro lado (Inicio)
I
Pienso, existo, pienso,
hago, soy, creo, invento, imagino, pienso...
Todo está inmóvil a mi
alrededor, las partículas de polvo se encuentran suspendidas en el
espacio. Las expresiones de la gente han quedado paralizadas en un
crisol de gestos que sólo ahora puedo apreciar. La luz se refleja en
los objetos con una opacidad pegajosa y el oxígeno se ha vuelto tan
denso que casi se puede masticar. Muevo una mano y dibujo en el aire
una estela de luz; pinto espirales y me quedo un rato embobada,
viendo como van disipándose poco a poco desde su extremo.
Las extrañas luces
siguen allí, en lo alto del cielo, también ellas paralizadas, pero
puedo sentir una ligera vibración que llega hasta mis oídos y una
extraña fuerza que hace erizar mis cabellos. Mi mundo se está
desmoronando y tengo el cerebro a punto de estallar. La visión se me
nubla y me cuesta respirar. Debo arrodillarme para no perder el
equilibrio y golpearme contra el suelo. La vibración se hace más
intensa, al mismo tiempo que la luz. Luz y sonido se hacen
insoportables. Sigo arrodillada, tapándome los oídos y con los
párpados fuertemente cerrados pero, aún así, es insoportable.
Siento una fuerza en lo alto que me aplasta contra el suelo y que me
obliga a tumbarme, mis pulmones se vacían de aire y sé que es el
final...
Pienso, existo, pienso,
hago, soy, creo, invento, imagino, pienso...
II
Entreabro los ojos y un
blanco brillante se cuela por el umbral de mis párpados. No sé si
estoy de pie o tumbada, no siento peso, ni presión, ni frío ni
calor; no tengo hambre ni sed, ni dolor... ¿dónde estaré? ¿Será
esto el paraíso? Seguro que no es el infierno, no me sentiría tan
bien...¡qué paz! Podría seguir así toda la eternidad. Abro los
ojos por completo y sólo puedo distinguir un intenso blanco; siento
mi cuerpo pero no puedo verlo. Agito la mano delante de mi cara pero
no consigo percibir ninguna imagen. Una sensación incómoda me
invade y todo se vuelve oscuro. La vibración reaparece y el pánico
se adueña de mí. Peso, presión, frío y dolor trepan
repentinamente desde los pies a la cabeza, aguijoneando cada célula
de mi cuerpo. A lo lejos una puerta se abre mostrando su silueta
trapezoidal. La luz comienza a arañar la superficie de la estancia
donde me encuentro hasta alcanzarme. Puedo ver la punta de mis dedos
arqueados por la tensión.
III
El mundo siempre me
había parecido extraño, como si yo no llegara a formar parte de él
completamente; una pieza de un gran mecanismo que ha sido forzada
para que encajase y que, se sabe, antes o después va a ceder,
causando el colapso de la maquinaria. ¿Por qué estamos en ese
planeta?, ¿con qué fin? A veces me parecía que los humanos éramos
la más extraña forma de vida en la faz de la Tierra. Me quedaba
parada en mitad de la acera y veía pasar a la gente: unos acelerados
y con cara de pocos amigos, otros, la minoría, más lentos y con
expresiones de paz en su rostro; gente que iba hacia su trabajo,
otros a su casa, algunos a una cita importante, a la compra, a la
escuela... todos iban a algún lado, pero...¿hacia dónde?, ¿qué
sentido tenía todo aquello? Los miraba y unos cuantos me miraban
molestos, otros, sorprendidos; la mayoría no se daba cuenta de mi
estática presencia. Después, alzaba el rostro hacia el cielo y lo
veía ahí, celeste, grisáceo, encapotado, daba igual el color que
presentase, para mí era un fiel aliado, un compañero, mi salvación,
tomaba una gran bocanada de aire, como intentando atraer su esencia
hacia mi ser y me volvía a sumergir en la violenta marea de
individuos.
martes, 9 de diciembre de 2014
El pabellón de los desarraigados
Un día me desaparecieron,
entre gritos y golpes aullando.
Un día se me llevaron,
entre tráfico y gente mirando.
Un día, un día,
un día como otros tantos
me sacaron a fuerza de mi vida,
de mi mundo me apartaron.
Con cruel vehemencia,
de mi ser se apoderaron.
Y como a una fiera de circo,
mi identidad anularon.
Y ahora me encuentro aquí,
entre muchos otros, azorado,
en el purgatorio de los sin rostro,
de los que seremos olvidados.
Pasado el tiempo, pasado el tiempo,
su grito irán aplacando,
y nosotros permaneceremos
en el pabellón de los desarraigados.
entre gritos y golpes aullando.
Un día se me llevaron,
entre tráfico y gente mirando.
Un día, un día,
un día como otros tantos
me sacaron a fuerza de mi vida,
de mi mundo me apartaron.
Con cruel vehemencia,
de mi ser se apoderaron.
Y como a una fiera de circo,
mi identidad anularon.
Y ahora me encuentro aquí,
entre muchos otros, azorado,
en el purgatorio de los sin rostro,
de los que seremos olvidados.
Pasado el tiempo, pasado el tiempo,
su grito irán aplacando,
y nosotros permaneceremos
en el pabellón de los desarraigados.
lunes, 8 de diciembre de 2014
El fin
No lo oyó llegar. Estaba ensimismada
mirando el cielo nocturno con sus dos lunas enormes, una rosa
pálido, la otra verde azulada.
- ¿Por qué sigues mirándolas? Ellas
no te van a salvar, lo sabes, ¿no?
Lo sabía, claro que lo sabía, pero
qué importaba y por qué seguía molestándola, ¿lo haría hasta el
final? Ella sólo quería estar tranquila, esperando.
Dos montañas de agua surgieron del
mar, sus cimas de espuma se alargaron, convirtiéndose en tornados
líquidos. Se alzaron hacia las lunas, como queriéndolas alcanzar.
No, claro que ellas no la
salvarían...pero ofrecían un espectáculo tan desgarradoramente
bello.
lunes, 24 de noviembre de 2014
Lean la entrevista completa en Spanish in tour
Entrevista para Spanish in tour
¿Qué es la literatura para ti?
La Literatura es una forma de expresarse genuinamente humana que une el corazón y la mente para desarrollar un discurso capaz de transportarnos a otros lugares, tiempos, espacios, vivir otras vidas, sentir otros olores, ser empáticos.
¿Qué es la literatura para ti?
La Literatura es una forma de expresarse genuinamente humana que une el corazón y la mente para desarrollar un discurso capaz de transportarnos a otros lugares, tiempos, espacios, vivir otras vidas, sentir otros olores, ser empáticos.
lunes, 17 de noviembre de 2014
Elisea y la flor perdida
Elisea y la flor perdida
Elisea tenía una flor,
la más bella de todas las
flores,
pero el lobo se la comió,
porque no atendía a razones
_¡Maldito lobo y maldita flor!
que me han dejado sin ilusiones,
¡que me han dejado sin flor!
por
no atender a razones.
El sol nace y se pone en el orbe
todos los días, y pasan las noches; pasan y permanecen: no hay nada
peor que sentirse sola en la oscuridad. Elisea lo sabía
perfectamente, siempre decía “¡no hay nada peor que sentirse sola
en la oscuridad!” sus amigos, no la entendían y se reían de ella
“¡pues enciendes una vela!” decían. Eran afortunados, no
llegaban a comprender lo que significaba la soledad, pero Elisea lo
sabía muy bien, lo sabía perfectamente.
Elisea no era huérfana, ni tenía
una familia que no la quisiese. Era la séptima de diez hermanos,
tres chicas y siete chicos, sus abuelos aún vivían y le enseñaban
esas cosas que los padres nunca tienen tiempo para enseñar; se
sentía querida y arropada. Entonces, ¿por qué Elisea conocía la
soledad? la cuestión era sencilla y a la vez muy complicada: Elisea
había nacido con un hueco en el alma. Así es, un hueco en esa zona
que comprende el corazón y el estómago; esa zona que se calienta
cuando amas y se encoge cuando algo o alguien te hiere de verdad.
Nadie podía explicarse esta rara deformidad. Sus padres habían
acudido a varios médicos de los pueblos más cercanos y ninguno pudo
establecer un diagnóstico claro. Su familia desesperada decidió
acudir a una hechicera. Era muy temida en el pueblo a pesar de que
raramente se la podía ver. Vivía en el corazón del bosque, al lado
del río, en una casa de piedra y musgo con ventanas pequeñas y
chimenea. Vivía sola porque no le gustaba lo que los lugareños
pensaban de ella. Su actividad como hechicera _aunque ella se
consideraba simplemente sanadora de almas_ le había traído más de
un problema con los habitantes de los pueblos vecinos. Apenas recibía
visitas y cuando alguien llamaba a su puerta se percibía en su
rostro la suficiente desesperación como para acceder a sus
servicios. Siempre los atendía y nunca pedía nada a cambio; tampoco
lo recibía. Utilizaba diversos objetos para sus curaciones: plumas,
piedras, agua, inciensos... no porque tuviesen alguna propiedad
específica curativa, sino porque entendía que los pacientes
aceptaban de mucho mejor grado esa parafernalia que la actividad de
lo invisible.
El día que la familia de Elisea
se presentó con la niña en brazos Sartana _así es como se llamaba
la joven hechicera_ no pudo contener las lágrimas, era tal la
compasión que sentía por esa pequeña criatura que apenas rondaba
el año. Su mirada estaba vacía, apenas podía sostener sus
minúsculos miembros debido al profundo cansancio que la acosaba; su
gesto era triste y su rostro pálido, sin vida. Sartana no sabía qué
hacer, era el primer caso de este tipo que se le presentaba y se
sentía invadida por una profunda frustración. Debía consultar
diversos libros y, sobre todo, pedir consejo al Gran Diamante, por
ello citó a la familia para los idus de Marzo.
Las tres semanas siguientes
Sartana las dedicó a visitar los cónclaves y a los maestros que los
habitaban en busca de información. Todos le daban consejos pero
ninguno una solución definitiva. Sartana comenzaba a impacientarse,
el tiempo se iba escurriendo en sus manos y llegaría con ellas
vacías junto a aquella pobre criatura. El cónclave del Gran
Diamante era su último recurso y el lugar en el que depositaba todas
sus esperanzas. Este cónclave no estaba presidido por ningún
maestro, no había libros ni ilustraciones de ningún tipo, lo único
que había era un espejo, un gran espejo en forma de diamante que
ocupaba el centro del habitáculo. Sartana ya había estado en ese
lugar el día de su iniciación pero no había estado sola, su
maestro y tres aspirantes la acompañaban. Conocía las cualidades
del Gran Diamante pero nunca las había puesto en práctica, pues
hasta ahora no lo había necesitado. La joven hechicera estaba algo
nerviosa, desconocía qué iba a ocurrir en cuanto se acercara al
espejo y se aproximó con cautela aunque no temerosa, sabía que nada
malo podía pasarle. En el momento en que se situó frente a una de
las caras del diamante el reflejo le devolvió una imagen suya
perfecta, era ella, sí, pero mucho más hermosa y armoniosa; mucho
más serena y sabia; desprendía luz por cada poro de su piel, una
luz blanca que cada vez se hacía más intensa. Llegó a un punto en
que le fue imposible adivinar el contorno de su cuerpo y solo veía
reflejados sus ojos, su nariz y su boca. La mayor parte de la luz se
había concentrado en su pecho y había formado la figura de una
rosa. El reflejo desapareció y Sartana se sintió llena de
agradecimiento porque al fin había comprendido cuál era la
solución.
Llegó a la casa del bosque el
mismo trece de Marzo muy temprano, aún disponía de varias horas
antes de que llegase Elisea y las dedicó a la meditación. Recordó
su viaje y el recorrido por los diversos cónclaves; lo injusta que
había sido con los maestros al frustrarse y pensar que sus consejos
no le servían de nada. Sabía que la verdad la había encontrado en
su interior pero las palabras de los sabios habían sido la brecha
por la que se habían derramado todos los conocimientos necesarios
para llegar a esa verdad.
A las tres de la tarde llamaron a
la puerta. Sartana ya había dispuesto todo lo necesario para el
ritual previo que iba a llevar a cabo: velas, incienso, conchas...
abrió la puerta y allí estaban, Elisea estaba más delgada que la
última vez y los padres tenían los ojos más hundidos “¡creo que
se nos va!” decía la madre con lágrimas en los ojos. Sartana los
tranquilizó y los dirigió hacia el altar que tenía preparado, no
había ninguna imagen, simplemente tres velas blancas. Sartana les
pidió que le dejasen a la niña y que en silencio y serenamente
rezasen y tuvieran confianza en que su hija se iba a recuperar. La
madre se mostró reticente en un principio pero al fin depositó a la
criatura en sus brazos. A la hechicera le sorprendió el excesivo
peso de la niña a pesar de que su cuerpecito era mínimo, era el
peso de un cuerpo sin alma. Sartana decidió actuar rápidamente.
Llevó a Elisea a otra habitación y le enseñó una rosa, una rosa
blanca, perfecta y hermosa. La pequeña apenas tenía fuerza para
sostener la cabeza pero hacía evidentes esfuerzos por verla, en el
momento que la localizó y pudo centrar su atención en ella sus ojos
tomaron expresión. Sartana con la niña brazos comenzó a hablar con
la voz más dulce y serena que había utilizado jamás.
_¿Ves esta rosa?, pues esta rosa
es el pedacito de alma que te falta. Llévala colgada siempre en tu
cuello y sellará el agujero con el que naciste. No temas, nunca se
corromperá porque el alma es inmortal y la rosa forma parte de tu
alma. Lo único que tienes que hacer es ser feliz en todo lugar y
momento, nunca pensar negativamente y aceptar y enfrentarte a las
experiencias de tu vida con valor y coraje. Recuerda que el temor es
el peor de nuestros enemigos, nunca debes dejarte vencer por él.
Sartana sabía con certeza que
aunque Elisea era muy pequeña para entender lo que le había
explicado, lo había entendido perfectamente, pues había quedado
registrado en lo más profundo de su corazón.
Pasaron ocho años y Elisea había
crecido con toda normalidad. Era una niña feliz. Jamás ni ella ni
su familia volvieron a visitar a la hechicera. La rosa de su pecho
seguía fresca y bella como el primer día. Elisea nunca se la
descolgaba del cuello y no podía evitar en ciertos momentos sentirse
temerosa de que alguien pudiese robársela. Una mañana muy temprano,
camino de la escuela Elisea se detuvo cerca del puente del río Sen,
era habitual que algo le llamase la atención en esa parte del
bosque, era un entorno precioso y siempre había diversa flora y
fauna dispuesta a ser descubierta por una mirada pura. Esta vez había
sido un agujero escarbado en una pared de tierra junto al viejo
roble. Era un hueco amplio, parecía la madriguera de un animal
bastante voluminoso y Elisea se asustó: "¿qué clase de animal
puede vivir ahí?" pensó "¿y por qué ha decidido forjar
su hogar justo en el camino que me lleva de casa a la escuela?".
Para Elisea era un fastidio este inconveniente, le encantaba la
escuela a pesar de que todos los días tenía que levantarse a las
seis de la mañana, atravesar el bosque y hacer un largo recorrido
para llegar. La mayoría de los niños de su pueblo, incluidos sus
hermanos, no habían ido a la escuela por este motivo, pero Elisea
había insistido a sus padres durante varios meses para que le
dejasen ir, le encantaba aprender cosas nuevas, sobre todo historia y
geografía porque le permitían fantasear sobre otros lugares y
tiempos e imaginarse en ellos. La vida del pueblo era muy aburrida
para Elisea, lo único que le gustaba era poder internarse en el
bosque y disfrutar de su vida, de la armonía y la perfección que
emanaban todas las cosas. A sus padres no les hacía ninguna gracia
que su hija tuviese tanta predilección por esos lugares, temían que
Elisea pudiese encontrarse con la hechicera y le reclamase la rosa,
después de todo era una bruja y aunque había hecho algo muy bueno
por su hija no podían fiarse de ella, era una opinión generalizada
en el pueblo.
Elisea seguía inmóvil delante
de aquel agujero oscuro, el temor la había paralizado, algo brillaba
en lo profundo de la cueva, dos destellos parpadeantes que cada vez
se hacían más grandes, algo se estaba acercando hacia ella y los
destellos se habían convertido en dos ojos horribles, enormes y
terroríficos. Elisea comenzó a correr hacia el puente, su cuerpo se
tambaleaba y apenas podía respirar, algo extraño le ocurría, sus
extremidades no respondían y se desplomó boca abajo en el suelo.
Sentía el aliento de ese ser en la nuca, Elisea casi no se podía
mover pero logró levantar suficientemente la cabeza para poder ver
el monstruo que la estaba acosando. Un lobo negro enorme se
encontraba sobre ella, su mirada no era de fiereza sino de
indiferencia, llevaba algo en la boca, una flor
_¡Mi rosa blanca!_ gritó
desesperadamente Elisea _¡no te la comas, me moriré!_ el lobo
seguía mirándola con la misma expresión y lentamente se dirigió a
su madriguera.
_Por favor... por favor_ a
Elisea le faltaba el aliento_ no te la comas, es mi alma, es el hueco
que me falta_ el lobo miró una última vez hacia atrás antes de
introducirse en la cueva.
Elisea se sentía desamparada,
había perdido la luz de su alma, aún no había amanecido y se
sentía muy sola, sola en la oscuridad de su alma, no podía moverse
y el terror recorría todo su cuerpo. En ese momento sintió unos
leves pasos en el puente, intentó gritar, decir algo, pedir auxilio
aunque se tratase del mismísimo diablo. No lo consiguió, no podía
articular palabra y del esfuerzo se desmayó.
Elisea se despertó en una cama
extraña aunque la habitación le resultaba familiar, en las paredes
había velas, conchas y el ambiente lo cubría un suave aroma a
incienso. La puerta de la habitación se abrió y apareció ante ella
una mujer bellísima, de pelo castaño y largo con un vestido de
color verde esmeralda
_Hola Elisea, ¿cómo te
encuentras?_ Elisea instintivamente se llevó la mano al pecho.
_Mi rosa, ya no la tengo, el
lobo se la ha comido pero yo...sigo viva y me siento bien, ¿cómo es
posible?_ Sartana la miró con dulzura, se acercó a la cama y se
sentó cerca de ella, le hablo con una voz muy familiar, muy dulce,
Elisea se sentía mecida por sus palabras.
_Porque la rosa era el reflejo
del espejo de tu espíritu, nunca ocupó el hueco, pero te dio la
fuerza suficiente para que reclamases la luz de tu alma y ese hueco
se llenase. Necesitabas ayuda, pero eras demasiado pequeña para
comprender que solo tú misma podías salvarte, yo solo te di la
herramienta, fuiste tú, querida Elisea, quien construyó el puente_
Elisea estaba muy emocionada, solo sentía agradecimiento y abrazó a
Sartana con todas sus fuerzas, se acordaba de ella, siempre la había
tenido en su corazón.
El sol nace y se pone en el orbe
todos los días, y pasan las noches; pasan y se van, solo un cuerpo
que ha olvidado su alma puede sentirse solo en la oscuridad.
domingo, 16 de noviembre de 2014
Sobre la lapidación
¿Cómo un ser humano, capaz de distinguir entre el bien y el mal, puede
realizar los actos más mezquinos?¿ Cómo, siendo consciente de la
injusticia que está cometiendo, del dolor que está infligiendo, puede
continuar a tirar piedras a una mujer indefensa, inmovilizada por la
tierra hasta la cintura? ¿Cómo esos hombres, en nombre de su dios, pueden
incurrir en tal atrocidad?¿Cómo pueden provocar una muerte lenta,
dolorosa, angustiosa a otro ser que, además, culpan de infringir la ley
que ellos quebrantan cada día y a cielo abierto?¿De dónde sale tanta
maldad, tanta rabia? ¿Cuáles son los mecanismos que mueven a un grupo de
hombres a decidir si alguien debe o no morir? Me sorprende con qué
facilidad se pueden tomar ese tipo de decisiones, además en un ambiente
de racionalidad y sangre fría donde la inculpada no está presente para
poder defenderse ¿Con qué derecho se creen para disponer de la vida de
una persona? Me pregunto si alguno de ellos podría responderme.
jueves, 13 de noviembre de 2014
PUNTO EN BOCA
(Un hombre, con gabardina y sombrero se asoma entre el telón, echa un vistazo al público y se acerca sigilosamente, mirando hacia atrás.)
¿Nunca os habéis parado a pensar en
qué esconden las montañas? ¿Qué misterios aguardan tras su
escarpada figura?¿No os parece extraño que su volumen solamente sea
debido a un conjunto de condiciones orográficas casualmente
establecidas? No, no, tiene que haber algo más, ¡estoy seguro!
Siempre me han tachado de
fantasioso, de no vivir con los pies en la tierra, de solo pensar en
fantasmas e irrealidades, pero yo me pregunto ¿no es más irreal
pensar en qué le voy a decir hoy a mi jefe, qué ropa me pondré en
la cena de esta noche o cuánto son dos más dos? No sé, siempre he
pensado que realmente soy yo el único que mantiene los pies en la
tierra porque precisamente soy el único que se pregunta por ella,
por sus misterios y maravillas, y no la tengo abandonada, usándola
como simple decorado de algo mucho más importante como sacar el
perro, coger el coche, ir de compras, pasar las vacaciones, etcétera,
etcétera, etcétera.
Yo me creo la historia del principito,
pienso que don Quijote no estaba equivocado en ver gigantes en lugar
de molinos...¿y por qué no? ¿Acaso el mundo tiene más sentido si
el día de ayer es igual al de hoy? ¿o que la luna es un satélite?
¿o que dos más dos siguen siendo cuatro? A mí, sinceramente, esas
cuestiones me siguen pareciendo chorradas, lo cual está bastante mal
por mi parte debido a mi condición de...
(Se mira para la vestimenta y se saca la
gabardina y el sombreo que llevaba puesto para revelar una malla
negra con un símbolo de interrogación blanco en el centro del
pecho)
...interrogación. Pero así es, no
puedo evitarlo. Los humanos son los seres más raros que hay sobre la
tierra; se preguntan por qué hora será, si ese pantalón les hace
el culo demasiado grueso, o de si tendrán la cremallera bajada, y se
han olvidado de las preguntas más esenciales. No digo que nunca se
les hayan ocurrido preguntas ingeniosas, mmm, vamos a ver: ¿Ser o no
ser?; o respuestas todavía más escandalosas: pienso, luego existo.
Pero parece que ya se les haya olvidado pensar. Yo opino que creen
que ya lo saben todo, que ya pensaron todo lo que tenían que pensar
y que ya pueden volver tranquilos al duro trabajo de todos los días,
ganando el pan con el sudor de su frente , y nada de tumbarse a la
bartola debajo de un árbol a ver como caen las manzanas...¡no vaya
a ser que se les ocurra alguna idea!
Era una y no quería ser
Hace ya mucho
tiempo que había perdido la cuenta de los meses que llevaba
caminando, de los rostros que había visto, de las tierras que había
pisado arrastrando sus pies. Su aspecto era desaliñado y sucio, ya
no recordaba su apariencia porque hacía mucho tiempo que había
dejado de verse al espejo. Un hoyo profundo se la había engullido y
ahora, lo único que podía hacer era caminar y caminar hasta que sus
pies sangraran, hasta sentir tanto dolor que no le permitiese pensar,
recordar. Era una, pero había sido tres. Era una y no quería ser.
Comenzó a caminar
ese mismo día, después de la llamada. Dejó caer el auricular de la
mano. De repente el cuerpo le pesaba toneladas, pero no podía caer
aplastada sobre el suelo porque otra fuerza la empujaba hacia
adelante, sentía el impulso de correr, pero el peso de su cuerpo se
lo impedía y lo único que pudo hacer fue arrastrar sus pies. Cruzó
la puerta de la entrada, bajó los seis escalones, atravesó el
jardín, siguió la carretera hacia el norte, y caminó, caminó
hasta que cayó inconsciente en el arcén. Se despertó en una cama
con sábanas blancas, una habitación con aparatos que emitían
pitidos. No lograba recordar por qué estaba allí, pero sentía la
necesidad de seguir escapando, una fuerza invisible la empujaba
siempre adelante. Se arrancó las agujas de los brazos, atravesó la
puerta de la habitación, llegó a las escaleras, bajó dos pisos y
salió del edificio. Se dirigió hacia el este. En su mente las
imágenes la atravesaban como relámpagos. Después recordó la
llamada. Corrió, corrió venciendo el peso de su cuerpo, corrió con
los brazos estirados tratando de alcanzar algo y la vista hacia el
cielo. La boca abierta desgarrando un grito mudo. Llegó al mar y el
agua salada lamió las heridas de sus pies. El escozor la hizo
estremecerse. En ese momento sintió la extenuación. Se vio tentada
a caer de bruces en el mar. Sería tan fácil, no tendría que
moverse, sólo dejar que el agua salada inundara sus pulmones...nada
más, y su dolor se apagaría con sus recuerdos. Pero la fuerza la
empujaba hacia delante, así que caminó hasta que ya no pudo
caminar, y nadó, nadó y siguió nadando hasta que una roca que
sobresalía se cruzó en su camino. No tenía fuerzas para bordearla,
así que se agarró a sus paredes. Las olas batían contra su espalda
y dejaban su espuma en sus cabellos. Una la sacudió tan fuerte que
su cabeza golpeó contra la roca, abriéndosele una profunda brecha
en la frente. El calor de la sangre escurriéndose por el rostro
contrastaba con el frío del mar que le trepaba por los hombros.
Cuando pudo subir la roca, se dejó caer sobre ella. Los moluscos le
arañaban la piel y eso la hacía sentir un poco mejor. Necesitaba
sentir dolor físico y gritar. Sobre todo necesitaba liberarse del
nudo que le constreñía la garganta y sólo le dejaba un hilo de
aire que respirar. Se incorporó, alzó su rostro hacia el cielo. Las
olas sacudían cada vez con más fuerza la roca, y llegaban a
salpicar su rostro. Gritó, primero fue un grito ronco, después
agudo, desgarrador, interminable y el agua salada, la saliva y la
sangre de su rostro se mezclaron en su boca.
lunes, 10 de noviembre de 2014
Te quedarás ahí, quieta (monólogo del miedo)
Te quedarás aquí, quieta y esperarás a que vuelva. La angustia te agarrará el corazón y lo retorcerá hasta que sientas un dolor tal que tendrás que escapar corriendo. Pero no lo harás, seguirás estando ahí, estática, esperando. Los pensamientos te gritarán al oído, "¿qué haces? ¡Corre! ¡Vete en su búsqueda! ¡Tráelo de vuelta!" Pero no lo harás, porque yo te lo he demandado. Te quedarás, ahí, inmóvil, sumiéndote en tu dolor hasta que sea tan parte de ti como tu propio rostro. Hasta que no puedas existir sin él, porque el hueco sería tan grande que tu carne, desgajada, caería en su abismo sin remedio.
Un día se levantaron todos
Un día se levantaron todos, porque eran muchos. Rostros oscuros sin párpados ni órbitas, pero con una llama roja, viva, en el interior de su cráneo. Con manos sin huellas, marchando en fila por los caminos. El suelo retumbaba clamando justicia. Porque era justicia lo que buscaban y los otros lo sabían. No había nada que hacer, ni los más gruesos muros, ni las más altas torres podrían salvarlos.
jueves, 23 de octubre de 2014
Lon y Mur (Continuidad)
Capítulo 6. Lon y Mur
Pasadas dos jornadas y media y después de un tortuoso camino aguijoneado por los potentes rayos del astro luz, Tian llegó a la ansiada orilla del río Lon. Su anchura era considerable y sus aguas eran de un color verde musgo intenso, Tian se sentía aliviado de que al menos en este punto el mapa coincidía con la realidad. Al otro lado el paisaje cambiaba completamente: la llanura estaba salpicada por elevaciones del terreno formadas por rocas y tierra cubierta de vegetación, su altura variaba entre los trescientos y quinientos pies de altura. Estaba atardeciendo y el paisaje se mostraba bellísimo y extraño al mismo tiempo. Tian no podía entender cómo sobre la llanura se hubiesen formado esos promontorios de formas tan diversas. Tenía unas ganas enormes de cruzar el río y descubrir los misterios que esos cerros sugerían pero no sabía cómo, el agua parecía insondable y no veía ningún acceso que cruzase al otro lado. Anduvo a lo largo de la orilla por un tiempo. Le llamaron la atención unas losas de piedra cuadradas con diversos dibujos e inscripciones que se encontraban a unos cinco pies de distancia unos de otros. Las losas, que mostraban dibujos representaban diversos seres, además de algunos paisajes y conservaban algunos pigmentos. Las que poseían inscripciones estaban formadas por una escritura basada en ideogramas que Tian conocía bien y hacían referencia a estos animales y a su historia. Las losas parecían estar desordenadas, así que Tian, para comprender la historia que estas contaban e ilustraban las recogió y las reunió todas en un montón. Comenzó con la que creía que era la primera losa, con la que comenzaba la historia, en ella estaba escrito lo siguiente:
Lon era el nombre de una serpiente que habitaba estas tierras hace miles de años. Su piel era de color verde musgo, y sus ojos violeta relucían en la oscuridad de la noche.
Tian unió esta losa con otra que representaba una serpiente de ojos violeta, en ese mismo instante las dos losas volaron de sus manos para situarse sobre el río, flotando en el aire, inmóviles. Tian puso el pie sobre ellas y comprobó que las losas aguantaban su peso. Rápidamente se dispuso a formar la segunda tesela de la historia:
Lon era un ser solitario y nocturno. Todos los animales la temían por su gran tamaño y voracidad. Una noche, un ave de plumaje dorado llamado Mur que venía de tierras muy lejanas y se había perdido, se posó sobre el árbol bajo el cual se encontraba Lon.
Tian unió esta losa a la imagen de un ave sobre un árbol y volvió a ocurrir lo anterior, la losas se situaron a poca distancia de las primeras, en dirección hacia la otra orilla. Tian buscó la siguiente parte de la historia.
El ave se dirigió a Lon en los siguientes términos:
“Disculpe amable señora, he perdido mi bandada y no sé qué dirección debo seguir para llegar al lago verde, donde todos mis familiares se dirigen en peregrinación.”
Lon se quedó atónita por la amabilidad y tranquilidad con la que le había hablado aquel maravilloso ser alado. Ningún otro ser antes se había atrevido a dirigirle la palabra.
“No conozco ese lugar, pero si te quedas aquí, siempre tendrás una amiga con la que podrás hablar.”
Esta vez la imagen correspondiente era la de la serpiente y el ave conversando.
Durante toda una estación Mur permaneció en las verdes tierras de Lon, plenas de exuberante vegetación y pequeños arroyos. Pero el ave echaba de menos las grandes extensiones de agua en las que había crecido. El año siguiente Mur vio a aves pertenecientes a su bandada volar en dirección al lago verde. Se despidió de Lon y se marchó.
Tian unió el texto con la ilustración donde Mur, con sus grandes alas desplegadas, se alejaba de Lon.
La serpiente verde quedó desolada. Lloró tantas lágrimas que su cuerpo se diluyó convirtiéndose en un gran río y sus ojos violeta de perdieron en la corriente.
De vuelta del lago verde Mur decidió pasar por las tierras de Lon. Al llegar encontró un río enorme pero ni rastro de su amiga. Sobrevolando las aguas divisó dos reflejos violeta que le recordaron los ojos de Lon. Creyéndola ahogada se lanzó a las verdes aguas.
Esta vez el dibujo representaba a un ave dorado cayendo en picado sobre un río verde.
En el interior del río se dio cuenta de que estaba inmerso en su amiga. La escuchó llorar y se conmovió tanto que decidió quedarse en su interior por siempre. Lon sintió tanta alegría que las aguas retumbaron en una gran explosión salpicando el bosque. De cada una de las gotas que mojaron la llanura nació una montaña rocosa.
Ahora quedaban dos losas con texto pero solo una con ilustración. Esta era el paisaje que se podía ver al otro lado del río.
La última de las losas decía así:
En la gran explosión los ojos de Lon se perdieron para siempre. Se dice que quien restablezca la vista de Lon, podrá ver en todo su esplendor la unión del ave y la serpiente.
Tian había completado el puente que le conducía a la otra orilla y seguía con la losa sobrante entre las manos. Atravesó el puente flotante a saltos, con gran cuidado de no caer y perder la última de las losas. Tenía curiosidad por saber como finalizaba la historia, descubrir si era cierto aquello que se contaba o simplemente una leyenda más. El problema era que no podía perder demasiado tiempo, su viaje se estaba alargando más de lo previsto, debía llegar al valle de Férritum para consultar el cantar con los expertos mercudios.
Pasando entre aquellos promontorios rocosos percibía una gran fuerza que lo atraía hacia ellos, le daba la impresión de que estuviesen vivos, que respirasen. Bajo las plantas de los pies notaba el latir de cientos de corazones. La atmósfera estaba cargada de energía, casi se podía palpar.
Anduvo hasta el anochecer. Decidió detenerse bajo un árbol de espléndidas frutas para saciar su apetito. Era el único árbol de la especie que había visto hasta ahora en su camino a través del bosque, parecía ya centenario, a juzgar por su ancho tronco. Por suerte, algunas de las ramas no estaban muy alejadas del suelo por lo que no le costó subirse para coger los frutos más maduros. Estando en lo alto de la copa contempló el paisaje estupefacto. Bajo la láctea luz de las lunas el panorama era sobrecogedor: el contorno esmeralda de los cerros; la frondosa vegetación perfilando el horizonte; el olor amargo de la tierra junto al dulce de los frutos y el picante de las flores; el bisbiseo de los insectos; el rumor del agua saltando las rocas del río… Tian respiró profundo, como queriéndose empapar de todas esas sensaciones. Le llamaron la atención dos promontorios que se encontraban entre las lunas y que recibían más luz que los circundantes. Su forma le recordaba vagamente una escena que había visto en una de las losas: uno se semejaba a la cabeza de una serpiente y el otro tenía el aspecto de un ave, estaban frente a frente, el ave un poco más elevada que la cabeza de la serpiente. Esta última parecía estar inclinada hacia arriba, como observándola. En ese momento recordó la losa con la imagen de Lon y Mur hablando bajo un árbol. Curiosamente el árbol sobre el que ahora estaba apostado se semejaba bastante al de la ilustración, con su gran tronco y sus carnosas hojas redondeadas. Al mirar hacia abajo y ver sus gruesas raíces, las cuales sobresalían de la tierra como venas alrededor del tronco, observó un esplendor violáceo entre dos de ellas. Bajó para ver mejor de qué se trataba. Cuando apartó las hojas y la tierra del terreno encontró dos cristales violetas con forma de diamante del tamaño de una mano. Instantáneamente Tian supo lo que tenía que hacer: a paso veloz se acercó a los promontorios con la forma de Lon y Mur. Bajo el promontorio de la serpiente había una roca con forma cúbica la cual sobresalía un par de pulgadas de la superficie y tenía una cavidad en medio del mismo tamaño y forma que la losa que aún llevaba consigo. La cogió y la colocó en el hueco, era justo la medida. En ese instante la roca comenzó a levitar. Instintivamente, Tian se situó encima y esta comenzó a ascender por la pared de la loma hasta llegar a la zona de la cara de Lon, donde se encontraban dos orificios escarbados en la roca que correspondían a la parte de los ojos de la serpiente. Tian cogió los cristales y los introdujo a cada lado de la cara. Dos rayos violeta provenientes de los ojos de Lon iluminaron el promontorio de Mur, y después de este, el resto de los cerros haciendo un giro de trescientos sesenta grados. Cada cima tocada por el rayo comenzó a desmoronarse. Los trozos de roca caían rodando pendiente abajo, deteniéndose en la base. Del interior de las montañas comenzaron a sobresalir unas cabezas doradas, semejantes a las de una serpiente pero con pico de ave. Parecía que se hubiesen despertado de un largo sueño porque abrían los ojos lentamente y con dificultad, sacudiendo la cabeza de lado a lado para desperezarse. Algunas ya tenían medio cuerpo fuera. Era una complexión similar a la de una serpiente, pero la piel estaba recubierta de plumas finísimas de color dorado con el borde verde, y poseían una especie de brazos a ambos lados del torso con unas garras similares a las de un ave rapaz. Una de ellas emitió un chillido agudo, y en ese preciso momento, como si de una señal se tratase, todas empezaron a salir disparadas hacia el orbe cual fuegos artificiales, dibujando en el añil del cielo una coreografía de espirales doradas. Sus alas, que ahora desplegaban haciendo vibrar el aire, doblaban el tamaño de su cuerpo y estaban recubiertas con plumas mayores y más verdes. Todastenían los ojos violeta, los cuales simultáneamente dirigieron hacia Tian. Se hizo un profundo silencio y en su expresión sintió el agradecimiento de aquellos seres alados que llenó su corazón de alegría. Tian abandonó la región de Lon y Mur con la sensación de haber cambiado un poco el mundo, de haberlo llenado de unos seres nacidos bajo el signo del amor.
miércoles, 27 de agosto de 2014
Los nedelos
Los nedelos son una especie de Ilis que vive mimetizada con su entorno boscoso. Su aspecto es extraño, sobre todo por sus movimientos al desplazarse y sus peculiares iris en forma de estrella. Pero lo que llama más la atención es su idioma, mezcla sistematizada de sonidos del bosque: las hojas secas al ser pisadas, el chapotear del agua, el viento soplando entre las ramas de los árboles… La unión con la Naturaleza es la esencia de sus vidas. Su mundo se verá turbado después de la Gran Noche, cuando los árboles aparezcan con las raíces apuntando hacia el cielo.
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